La impuntualidad forma parte de un mal hábito adoptado por muchas personas en el ámbito laboral y empresarial. La impuntualidad es mucho más perjudicial de lo que nos pensamos. Culturalmente en nuestro país aceptamos en demasía esta conducta que realmente nos hace perder, y mucho a las empresas.

 

¿En qué nos perjudica ser impuntuales?

 

La impuntualidad es una carta de presentación muy negativa profesionalmente. Se percibe por parte del otro:

 

  • Falta de respeto y consideración a los demás.
  • Falta de importancia hacia la tarea.
  • Desorden
  • Ineficacia
  • Desconfianza
  • Irresponsabilidad
  • Persona con poca palabra.
  • Falta de empatía.

 

Llega un momento en el que la persona impuntual ha agotado las excusas, los pretextos, nadie confía en ellos y se crea un mal ambiente a su alrededor.

 

Si tú eres impuntual, ¿no crees que sea el momento de hacer algo para cambiar esta actitud?.

 

 

Te preguntarás: ¿Puedo vencer mi impuntualidad? Categóricamente  SÍ.

La cuestión no es decir otra vez “voy a ser puntual desde mañana”, lo cual nos llevaría a retrasarnos una vez más; es hoy, ahora, ya, y poniendo los medios que hagan falta para lograrlo. Te proporciono para ello un sencillo decálogo contra la impuntualidad:

 

  1. ¡Reconócelo!

Reconoce que eres impuntual. Observa y toma conciencia de si la impuntualidad te causa problemas: con tus socios, compañeros, clientes, etc… El primer paso para cambiar un mal hábito es reconocer que tienes esa debilidad. Explora  las causas de tu impuntualidad: pereza, desorden, olvido, etc. y admítelas.

 

  1. Sé consciente del valor del tiempo.

Sé consciente del valor de tu tiempo y sobre todo del  de los demás; las personas impuntuales muestran poco aprecio al tiempo perdido de espera del otro.

Mira el reloj regularmente y no seas demasiado optimista con el tiempo, sé realista: por ejemplo, si no te da tiempo a atravesar la ciudad en una hora para salir de una reunión y tener otra cita, no confirmes las citas con tiempos imposibles.

 

     3. Prioriza.

Establece de manera correcta tus prioridades y dales el lugar adecuado, muy especialmente si tienes que hacer algo importante, aunque no te guste.

 

  1. Pon medios.

Establece un medio adecuado para solucionar la causa principal de tu problema. Por ejemplo reducir distracciones, gestionar los descansos a lo largo del día, levantarse más temprano, dejar las cosas preparadas la noche antes, etc…

 

  1. Haz las cosas cuando las tengas que hacer.

Levántate cuando tengas que hacerlo, no apagues el despertador y sigas durmiendo, no te entretengas, no dejes tareas para luego si las tienes que hacer ya, por ejemplo.

 

  1. Créate un compromiso interno.

Por ejemplo, haz el compromiso de llegar a cualquier reunión 15 minutos antes.

 

  1. Aprende a ser organizado.

La desorganización está directamente relacionada con la impuntualidad.

 

  1. Voluntad y sacrificio.

Aunque sea algo tedioso crear un hábito al principio, con voluntad, sacrificio y disciplina lograrás tu cometido. No lo hagas todo a la vez, empieza por pequeños gestos que se convertirán en rutinas en poco tiempo.

 

  1. Ten en cuenta el margen de error.

 El tráfico, el aparcamiento, una mancha inesperada, una llamada que se alarga o una huelga de trenes, son ejemplos a tener en cuenta.

 

  1. Aprende a decir “no”.

Tener compromisos de más enlentece y retrasa tu agenda. Acepta lo que puedes y no puedes hacer.

 

En conclusión:

Vivir el valor de la puntualidad es una forma de hacer que los demás y nosotros tengamos la vida más agradable ya que nos convierte en personas dignas de confianza, eficaces y mejora nuestra gestión del tiempo. Clave para gestionar una empresa, ¿no crees?

 

 

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