El pasado 14 de Marzo gané el III Concurso de relatos cortos de IU La Linea, por mi relato ‘Frío’con temática de Igualdad. Podréis pensar que este post no tiene nada que ver con la temática que suelo publicar, pero sí tienen que ver, y mucho. Siempre me había gustado escribir y nunca lo había expuesto a nadie, por miedo, por vergüenza o inseguridad. Me decidí a mostrar mi pasión y gané. Esto tiene que ver absolutamente con el espíritu emprendedor, con el alma del movimiento #mujeresimparables y con el día a día de tantos hombres y mujeres que luchan por sus sueños y rompen barreras, miedos e inseguridades para lograr lo que quieren.
Por todo ello, y a modo de homenaje a tod@s las personas que luchan por la igualdad y en especial a todas las #mujeresimparables que trabajamos juntas en la red y que el próximo 8 de septiembre tendremos la suerte de realizar un encuentro presencial imparable y crucial en nuestras vidas. Espero que os guste.

FRÍO 

Se levanta como todas las mañanas.

Despertador apagado, baño, frío, vestido, desayuno, zapatos, orden, frío, besos, llaves, coche, frío,
mucho frío. Conduce. Sin reparar su mente en los lugares por los que había pasado, ni lo que había
hecho en ese trozo de su día, entra atropelladamente en en el gris edificio donde trabaja; siente
frío, muchísimo frío.

Damos buenos días, colocamos abrigo y bolso, encendemos ordenador, ojeamos escritorio,
consultamos bandeja pendientes, entra primer cliente, entra segundo cliente, siente frío, hace
muchísimo frío, demasiado.

El hielo entra en sus huesos y detiene en seco su rueda rutinaria, hace que sienta la necesidad de
lavarse la cara y entrar en calor. Necesita despejarse y enmascarar ese frío, maldito frío.
De camino al baño se refleja rápidamente en los cristales que separan los escritorios. Éstos
construyen el panal aséptico en el que dedica gran parte de su día. Siente como si observara por la
ventanilla de un tren en marcha sin destino. No puede detenerse en los detalles, tiene demasiado frío
para ello, demasiado insoportable.

Entra en el baño y abre el grifo de una manera impulsiva, sale agua muy caliente, espera a que
empiece a humear con la mirada fija en el agua. No piensa en nada, sólo siente frío, mucho frío.
Introduce las manos en el agua hirviendo y agacha la cabeza para sumergir su cara bajo el grifo.
Sigue teniendo frío, demasiado frío, terrible frío.

Levanta rápidamente la cara con las manos tapándola torpemente. Se ve por primera vez en el
espejo del baño. Le cuesta aceptar que esa imagen le pertenece. Se siente extraña. Aprovecha varios
segundos para analizar la escena. Se acerca al espejo lentamente,con una inquietante sensación que
le recorre toda la espalda..Siente extrañeza e intranquilidad ante esa imagen. El corazón le late
fuertemente, más intenso conforme se acerca. Casi toca con su nariz el espejo. Con la lentitud del
temor y la nebulosa de la duda, se aleja poco a poco. El espejo está frío, horriblemente frío.

Sigue viviendo la misma imagen extraña en todo el cuerpo. Se repara en los detalles de su piel, la
nota muy fina, percibe todas sus venas, surcos y arrugas. La nota fría y transparente;
insoportablemente fría. Mira sus manos y es capaz de ver todos los detalles anatómicos traspasando
la piel. Se asusta. No se siente bien.

Sale del baño e intenta trabajar aparentando una normalidad que ya no existe. Los ojos se reparan
en sus manos continuamente, mira compulsivamente su rostro en el reflejo de la pantalla del
ordenador. Cada vez siente más frío y la extraña sensación de ser transparente. Era la primera vez
en el día que se había mirado a sí misma y tenía la sensación de que estaba desapareciendo por
momentos. -No puede ser-, se decía,- no me lo puedo creer-….Necesita irse a casa, no sabe si está
realmente enferma o perdiendo la razón, pero no puede concentrarse en nada.

Se dirige al despacho de personal, le explica a su compañera su indisposición y ella, sin levantar la
vista, le da un formulario que debe rellenar. Coge fuertemente un bolígrafo y empieza a rellenarlo
fijándose continuamente en el aspecto extraño de su mano. Siente que aquella no le pertenece,
incluso su letra es distinta.¿Qué le pasa? No puede apenas recordar sus datos. Entrega el papel sin
conseguir que la persona que le atiende la mire ni levante la cabeza. Recoge sus cosas. Sale del
edificio. Ya está fuera.

Mira al cielo al salir a la calle y es deslumbrada por un imponente y brillante sol. Ella siente frío,
siempre frío. El sol acentúa en la piel de sus manos la transparencia. Intenta abrigarse y protegerse
más para apaciguar el frío. No lo consigue, maldito frío.

Anda por las calles perdida, sin rumbo, rápido, errática, como una máquina, sola, muy sola. Se da
cuenta de que nadie se fija en ella, nadie le conoce, nadie le habla, siente mucho frío, insoportable
frío.

Se sienta en un banco y se fija en sus manos. A través de ellas se puede ver el estampado gris y
negro de su vestido. No sabe qué le pasa, duda en llamar a alguien o en ir al hospital. Piensa en
ocasiones en que todo es un sueño. Está muy perdida y siente mucho frío, mortal frío.
Piensa en su vida, hace un recorrido mental y rápido por su existencia. Se siente vacía, llena de
tristeza, no encuentra nada ni a nadie que le llene realmente. Se da cuenta de las cosas que no han
pasado en su vida que le entristecen y de las que tiene y no le hacen feliz. -¿Por qué me ha pasado
esto ahora?-, pensó.

La transparencia física le dan una mágica claridad a sus pensamientos, se unen en un todo y esta
metamorfosis corporal afecta a su mente. Era la primera vez en su vida que se sentaba sola, se
miraba a sí misma y se paraba en seco a pensar.

El sol de mediodía reflejado en su piel le da un aspecto de medusa terrestre. Todo su cuerpo se
convierte en una figura cristalina pero irrompible, maleable pero vertebrada. No es un aspecto
desagradable ni terrorífico, no es inquietante ni tétrico; se trata de una mujer tranquila, sentada,
transparente y bella.
La belleza de pensar, la belleza de saber lo que necesita y quiere, la belleza de parar lo imparable,
de tener la oportunidad de cambiar el orden establecido, la belleza del inconformismo, de la
irresponsabilidad, de la oportunidad del caos, de la libertad.

La belleza que la inunda hace que su cuerpo entre en calor poco a poco, que su corazón vuelva a
bombear sangre hirviendo, que su mente se atropelle de ganas de actuar, de moverse, saltar, vivir.
Se levanta con fuerza del banco en el que está sentada, se dispone a emprender un nuevo camino
donde no se va a preocupar en recomponer sus ropas ni a mirar atrás en su amargura. Sólo piensa en
cumplir sus sueños sin mesura, sin límites ni normas.

Conforme se aleja caminando para adentrarse en la marea de la civilización, descubre a una chica
sentada en el portal de una casa. La chica posee una sonrisa sincera en su rostro. Se va acercando y
observa con inquietud su aspecto. Está iluminada por los rayos furtivos del sol, mira al horizonte
fijamente acompañada de una sonrisa amplia y plácida. Transmite paz y serenidad, parece como si
el tiempo se hubiera detenido en ella. Sigue acercándose, casi está al lado suya, sus ojos se paran en
su piel translúcida. No se siente extraña al verla, percibe una tranquilidad plena al contemplar a un
ser transparente y en calma. Se acerca a ella y se sienta a su lado. La mira como si la conociera
desde siempre, ella le devuelve la mirada, y en ese cruce de ojos libres, se crea un dulce silencio.
Se para el tiempo; ya no hace frío. No sienten la heladez de la indiferencia, de la soledad, de la
injusticia, de la envidia, del dolor, de la opresión. No les hace falta mediar palabras, sus mentes son
una, sus sentimientos son comunes; sus pensamientos, sus ilusiones, sus anhelos se exponen en el
horizonte de sus miradas. Son libres.

De repente, ambas dejan de mirarse, ahora fijan la vista en la nada, interrumpida por el entrelazado
de sus translúcidas manos. Personas y personas atraviesan la calle, automatizados,sin alma;
mientras entre ellas el mundo está paralizado. Todo es rápido e impulsivo, pasan coches, se oyen
ruidos de motores, murmullos sin sentido, gritos, prisas, frío, mucho frío. Observan la nada de una
manera plácida. El tiempo no pasa, el frío no llega. A ellas, ya no les llega el frío.

Ya no les llega el tener que esperar para conseguir algo, no les llega la indiferencia ante sus
sacrificios, la invisibilidad ante los sentimientos, la amargura del amor en vano; dicen no, no a lo
que no desean, a lo que está en contra de sus pensamientos, a lo que no sueñan.
La ciudad continúa su imparable marcha. En el horizonte, a lo lejos, salpicadas de manera casi
caprichosa se divisan miles de criaturas transparentes iluminadas por rayos de libertad.

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